FP Deporte

Vivir Aventuras También Es Cultura.

Javier Mena García

La rutina, la desidia, la comodidad, la pereza, el miedo…. Si tuviéramos que otorgarles un color seguramente, en el mejor de los casos, les daríamos como mucho dos, el negro y el blanco y acierto el orden, hay que vivir aventuras (como las de nuestros alumnos de TECO, conductores de actividades en el medio natural).

Lo desconocido, lo diferente, lo apasionante, el reto, vivir  AVENTURAS… Sólo nombrar estas palabras ya nos producen cierta emoción, nos despiertan la imaginación, nos inquietan, nos motivan…  Las vemos de colores.

Mientras los científicos debaten sobre la existencia o no de un gen, concretamente el DRD4-7R,  que determinaría la necesidad irrefrenable de vivir aventuras y de exponerse a riesgos en aquellas personas que lo poseen.  Algunas personas, conscientes o no de su genética, osan una y otra vez a su destino muy seguros de que sólo el intento ya mereció la pena.

Soy de los que piensan que no será un ADN, ni cualquier otro tipo de etiqueta, la que ponga freno a una verdadera ilusión, un proyecto motivante, una pasión, es decir vivir aventuras , es muy  habitual en nuestros tiempos clasificar a las personas.

Sí todos nos dejáramos influenciar por estas “pegatinas” que diferencian a capaces e incapaces muy probablemente no nos iría mejor de lo que no va, y es que, el plano emocional es muy susceptible a éstas apreciaciones de vago fundamento. Seguro coincidimos en que sin ilusiones pocos argumentos encontramos para superarnos.  Todos tenemos un montón de ejemplos, alguno hasta cercano, que consiguió aquello para lo que en un principio no estaba preparado y a la inversa.

Cuando el capitán James Cook (matemático y astrónomo) al mando del Endeavour exploraba en su navío el Pacífico con la intención de cartografiar y descubrir nuevas islas, debiendo incluso atravesar el cabo de Hornos arriesgando su vida hasta la isla de Tahití y no satisfecho con este logro decidió continuar con semejantes odiseas hasta en dos ocasiones más, parecía evidente que nada lo detendría, de hecho sólo se detuvo una vez, fue en Karakakua, bahía en la que el capitán Cook murió a causa de una puñalada en la espalda que le asestó un indígena.

Cuando un amigo, por entonces “el gordito de la clase”, acaba siendo campeón del mundo de triatlón.

Cuando mi querida abuela a sus 93 años porta en el bolso unas zapatillas cómodas por si hubiera que bailar…

Podríamos describir innumerables situaciones en las que a primera vista resultaban tan complejas que parecían imposibles.

No imagino a éstos personajes solicitando una analítica antes de embarcarse en sus “valentías”.  Son algunos ejemplos de apasionantes aventuras, capitaneadas por valientes con al menos un nexo en común. Y es que,  como en tantas otras facetas a las que nos enfrentamos cotidianamente todo depende de perspectivas. Es cuestión de enfoque y éste depende en gran medida de nuestra actitud.  Actitud que comparten estos valientes.

Son retos que sin duda se afrontan con miedos, con muchos miedos claro que si. Pero si da miedo, se hace con miedo y no lograrlo hay que entenderlo como parte de la experiencia.

Cualquier razón es buena para vivir una Aventura

Una aventura, según definición, es una experiencia de naturaleza arriesgada normalmente compuesta de eventos inesperados, en muchas ocasiones estando presente cierta clase de peligro.

Una aventura implica “calor”, hormigueo, sensaciones de vértigo, de caer por un precipicio.  Os animo a enriquecer ese espíritu, no es necesario programar una súper aventura al otro lado del mundo y no caigamos en la recurrente excusa; eso no es para mi, esas cosas las hacen súper personas, con unas cualidades físicas determinadas, con una juventud… o la mas repetida y aceptada socialmente; “para eso hace falta mucho tiempo y dinero”.

La experiencia vivida es la que cuesta olvidar, la que deja huella en nuestra vida, es la que contamos en la cena de navidad, la que colgamos “orgullosos” en nuestro álbum de fotos en redes sociales, etc.

Seamos valientes acaudalemos el mayor número posible de “plurivalencias”, nuestro mayor patrimonio en la vida serán las experiencias vividas. Esta riqueza no es perturbada por ningún cash flow del mercado, sólo depende de ti.

“Riqueza que hace vivas las vidas”.

¡Es ahora!, abramos la mente y proponte ser “PLURIVALIENTE”.

“El plurivaliente”

Con el permiso del que me lee, y con la única pretensión de refrescarnos el ánimo, os propongo que, a modo de regla nemotécnica y salvando las distancias con el ocurrente estilo del famoso Luis Piedrahita, incluyamos esta palabra en nuestra cabeza y, cuando sintamos que la pereza y las excusas intenten apoderarse de nuestro acomodado confort, aparezca para recordarnos que, vivir experiencias siempre merece la pena.

Plurivaliente:  Dícese de aquella persona atrevida en multitud de facetas, busca siempre exponerse a retos, no necesariamente bajo control, procurando siempre una rápida y efectiva adaptación al medio, en la que caerse está permitido y levantarse es obligatorio.

Cualquier persona es apta para vivir  Aventuras

Tenemos todas las herramientas, un cerebro deseando ser “liberado”, una genética con disposición de conquista y exploración, un cuerpo dotado de sentidos y con una necesidad natural al movimiento, un instinto de supervivencia para salvarnos de nuestros más locos pensamientos. ¡Desempolva tus instintos y pongámonos manos a la obra, no hay excusas!

¿Cuál es tu próxima aventura?

¿Quieres más información? ¡Pregúntanos!