FP Sociocultural

Los niños no tienen miedo, lo aprenden de los adultos

Juan Jesús Fernández
Diciendo no al miedo

Muchos estudios sobre Educación Infantil reflejan la importancia del miedo en el aprendizaje y la evolución del bebé,. Nuestros estudiantes del Técnico Superior en Educación Infantil aprenden técnicas y aplican metodologías que ayuden a que el niño o niña supere sus miedos y exploren el mundo.

Valor y miedo

“Y allí esta él, paralizado por el terror que le provoca la oscuridad. El juego consiste en esconderse cuando la luz de las cocheras se apaga. Su estrategia, mientras a duras penas puede caminar y trata de no descubrirse por su respiración agitada, arrastrarse por la pared hasta llegar a la escalera por donde entra una luz tenue y le guíe al final de la pesadilla”

Podría parecer el guion de una película de terror. Un inocente escondite, se convertía en una prueba de valor para un niño al que la oscuridad le daba pavor. La razón: una madre que por miedo a que su pequeño hiperactivo en un descuido cayese por el patio poco iluminado de casa de los abuelos, le hizo asociar la oscuridad a una “mano negra" que se lo llevaría.

Entonces ¿qué es el miedo?

Trataremos de definirlo, desde distintas perspectivas y de forma breve. Para entender que ocurrió en ese niño para que la oscuridad y todo lo que tuviese similitud le dejase paralizado. Además, de cómo el niño aprende a tener miedo.

Afrontando el miedo desde distintas perspectivas:

Evolutivamente, el miedo es un complemento y extensión del dolor. Nos alerta de alguna amenaza para la supervivencia. La supervivencia requiere aprender del dolor y huir de él o de todo aquello que pueda provocarlo. Nacemos con la capacidad de sentir miedo, siendo este es una necesidad para vivir.

Desde el punto de vista biológico, se entiende el miedo como un esquema adaptativo (pelea o huye). En ese sentido es beneficioso para el individuo, lo mantiene vivo y alejado del peligro.

La neurología nos dice que es una forma común de adaptación del cerebro primario:

  • La amígdala se activa en el lóbulo temporal, siendo responsable de las emociones, sentimientos y agresividad del individuo.
  • Psicológicamente, es un estado afectivo emocional, siendo su máxima expresión el terror relacionándose directamente con la ansiedad.
  • Social o culturalmente, forma parte del carácter de la persona o de la organización de una sociedad. Temiendo objetos o incluso contextos, asociándolo con otros sentimientos y relacionándose con elementos distintos de la cultura.

El miedo hay que enfocarlo desde un punto de vista holístico. Se entiende así como pura expresión del ser humano y la forma en la nos enfrentamos a lo desconocido.

El miedo también se aprende

Otra de las necesidades del individuo, tan vieja como el miedo y también vital: el aprendizaje. Es la forma en la que se conoce el mundo que nos rodea. El dolor era una forma de aprendizaje unida a la supervivencia. La transmisión del conocimiento de unos a otros, el miedo permite poder evitar el dolor que una determinada experiencia puede generarnos.

Entonces se genera el binomio de miedo y aprendizaje. La relación de estas dos necesidades del ser humano en su vida, dependerá de múltiples factores que en la infancia tendrá una impronta de por vida.

Nos desarrollamos sensorial, cognitiva y motóramente a través de la exploración y la interrelación de esta distintas áreas.

El miedo apaga la capacidad de explorar, empequeñece la zona de confort y determina el aprendizaje.

Cuando el niño se hiere, experimenta una sensación de dolor físico. Ante una situación peligrosa en la que alguien le avisa con exaltación genera una emoción, una experiencia indirecta al dolor.

Al ser indirecta no sabe realmente lo que ocurrirá. Ese miedo está relacionado con el comportamiento de otra persona. Lejos de la propia experiencia frente a ese posible peligro, aun así genera un aprendizaje.

Por lo tanto, el miedo se aprende y se enseña. No siempre existe la intencionalidad, determinados actos generan miedo y desembocan en conductas o patrones en el comportamiento, negativos para el desarrollo del niño.

El miedo se alimenta de la incertidumbre, que en si es motivo para el miedo. Miedo a lo desconocido, que despierta todo ese mecanismo en el que el sistema nervioso central después de ser estimulado por nuestros sentidos, percibe, memoriza y/o responde. Las emociones se asocian y el desconocimiento se convierte en la clave.

El desconocimiento es incertidumbre. El mundo está lleno de incertidumbre, algo que al ser humano no le gusta. La manera en la que se enfrenta un niño a esta, depende de la forma en la que le enseñamos a relacionarse con el miedo. Hay que enseñar la forma de relacionarse con el miedo y no potenciarlo.

Aprender a enfrentar el miedo

En ese binomio entre miedo y aprendizaje, se crea la necesidad de establecer unas pautas para relacionarse con él:

  • Para definir cómo el niño se enfrentará a lo desconocido de la forma más constructiva para no frenar su desarrollo.
  • Debemos enseñar a no tener miedo y si lo hay , como enfrentarse a él.
  • En la personalidad influyen genética y ambiente. Podemos influir en ella desde temprana edad y esto lo que debemos hacer con los niños.

Entonces sabiendo cuáles son las causas y los procesos que se dan. Hay que tratar de:

  • Enseñar cómo descubrir los propios límites y cómo ampliarlos.
  • Dotar de las herramientas con las que los niños sigan explorando el mundo aprendiendo.
  • Descubrir incluso aquello que le pueda generar incertidumbre.

Una de las estrategas o herramientas con la que debe trabajar los especialistas como el Técnico Superior en Educación Infantil a distancia es la exposición al miedo de forma controlada y progresiva. Esto se fundamenta en que al estar expuesto el tiempo suficiente a aquello que provoca ese miedo, romperá esa asociación, ese estimulo-respuesta, ya que el miedo consume demasiados recursos. El cerebro gracias a su plasticidad puede llevarnos a realizar otra conducta distinta a una previa ya aprendida si lo hacemos el numero suficiente de veces para que lo aprenda. Esto influirá en el resto de situaciones que nos generan miedo, inician un nuevo estado de animo, que permite al niño enfrentar y superar el miedo.

Dependiendo de la edad, habría que utilizar una u otra forma de enfrentarlo, creando otro tipo de asociaciones, generar situaciones en las que controlemos los espacios y tiempos, metodizando el proceso como un entrenamiento. Las posibilidades son múltiples, lo único a tener en cuenta es que cada niño es único, por lo cual la forma en la que debemos de afrontar ese miedo es personal. El objetivo es el mismo independientemente del camino a seguir, enseñar a no tener miedo sino a prepararse para salir de la zona de confort.

A día de hoy ese niño ha superado ese miedo, lo hizo cada noche al irse a dormir y descubrió que la oscuridad era solo la ausencia de luz.

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