FP Sociocultural

La importancia de la educación emocional en niños

Pablo Ortuño
La importancia de la educación emocional en niños

Tras numerosos estudios y descubrimientos, tanto las emociones como los sentimientos se han dejado de ver como algo relegado a lo personal o al ámbito privado, para convertirse en aspectos científicos como la educación emocional. Los alumnos y alumnas del Técnico Superior en Educación Infantil aprenden en sus aulas la importancia de utilizar metodologías innovadoras que fomenten la educación emocional, dando lugar a futuras generaciones de personas emocionalmente equilibradas y con un mayor conocimiento de sí mismas.

El crecimiento emocional, una cuestión biológica

Esta idea que puede sonar demasiado intangible tiene una base biológica. Según estudios científicos, es en la zona central del cerebro llamada Sistema Límbico, donde se crean las emociones que responden a las penas, angustias o alegrías, un ejemplo se ve en el comportamiento de los niños y niñas menores de 3 años y en su forma de obedecer. Ellos no reconocen lo que está bien o no, lo que perciben es el tipo de emoción que le ha generado ya sea buena o mala.

Lo mismo pasa en los adultos, sin duda alguna en la mayoría de las ocasiones o situaciones, los adultos se dejan llevar más por estas emociones que por la razón para tomar ciertas decisiones en la vida. La razón se da en la zona del Neocortex, comenzando a desarrollarse a los 3 años. Está comprobado que antes de tener un pensamiento que se pueda razonar, las personas experimentamos primero una emoción. Por ello, nuestro cerebro se prepara y se condiciona dependiendo de la emoción que ha activado, recibiendo con interés aquellos estímulos que les generan emociones positivas.

El desarrollo emocional del niño de 0 a 6 años

En los tres primeros años de vida un niño desarrolla la mayor parte de su cerebro, así como la forma en la que se relaciona con el mundo. Por ello, la educación emocional debe comenzar en casa, siendo tarea de los padres enseñar a sus hijos a gestionar sus emociones y usarlas de manera positiva para poder alcanzar sus metas en el futuro.

Una vez que el niño comience su etapa en la escuela infantil, el educador infantil asumirá también parte de su educación mediante la generación de estímulos que fomenten el desarrollo emocional de los niños. A partir de los 3 meses, los pequeños comienzan a mostrar emociones más agitadas y exigentes. Sus emociones se abren y se puede ver como se expresan mediante ellas, como la rabia, felicidad o tristeza.

Entre el primer y el segundo año desarrollarán una mayor curiosidad por el mundo exterior de manera paralela al descubrimiento de sus primeros pasos y palabras. En esta etapa se puede observar conflicto en el desarrollo emocional, demandando mayor independencia para explorar pero sintiéndose aún muy dependientes de los adultos. Por ello, el adulto debe crear un entorno donde se sientan seguros pero a su vez con confianza para establecer relaciones con su entorno.

De los dos a los tres años el desarrollo emocional es notable, ya que los niños son capaces de reconocer sus propios sentimientos y los de otras personas. Es en este periodo cuando empiezan a establecer relaciones con sus iguales y experimentan la empatía hacia los demás, pero también comienzan a conocer sus límites, probando qué pueden hacer y qué no. En este momento surgen las conocidas como ‘rabietas’ y los adultos deben enseñarles a autorregularlas.

La educación emocional como herramienta de mejora del aprendizaje

El mejor ingrediente del aprendizaje es la emoción. Hasta ahora, en la educación tradicional se le ha concedido más importancia a la introducción de datos, conceptos y conocimientos que a despertar la curiosidad o interés por lo que se está aprendiendo. Sin embargo, si se descubre qué estímulos despiertan la atención en el alumno, generando una emoción positiva, se llevará a cabo un aprendizaje más efectivo.

Estudios recientes muestran que la adquisición de conocimientos comparte sustratos neuronales con la búsqueda de agua, alimentos o sexo, es decir, situaciones placenteras. Por eso hay que despertar una emoción en el alumno, que es la base más importante sobre la que se sustentan los procesos de aprendizaje y memoria.

Es por ello, que los responsables de la educación deben hacer análisis de lo que hay detrás de cada uno de los alumnos. No es una tarea fácil, ya que detrás de cada persona nos encontramos con sentimientos y emociones diferentes que las hace singulares y únicas. Por este motivo, en muchas ocasiones el profesor se encuentra con dificultades a la hora de saber gestionar un conflicto en el aula, dar con la manera de fomentar la motivación o incrementar la autoestima de sus estudiantes.

Se debe ser consciente de que detrás de cada fracaso escolar habrá una autoestima lesionada, de ahí la importancia de la formación de profesores y maestros para cubrir esta carencia en la gestión de sus sentimientos. Para ello es necesario luchar por un cambio en el sistema establecido e implantar la educación emocional como modo de enseñanza y de mejora del aprendizaje, así como procedimiento para modelar la personalidad de cada uno de los alumnos.

Estrategias para trabajar el crecimiento emocional y favorecer el aprendizaje

Como se ha mencionado anteriormente, repetir y repetir datos hasta memorizarlos no es el mejor camino para aprender. Los estudios científicos demuestran que la emoción, el deporte, la sorpresa, la novedad y la experimentación son algunos de los ingredientes necesarios para sumar conocimiento. Por todo ello, a continuación se proponen diferentes estrategias para conseguir despertar la atención que mediante las emociones se pueda favorecer el deseado aprendizaje:

  • El ejercicio físico mejora la plasticidad sináptica, la neurogénesis o la vascularización cerebral, procesos imprescindibles para un buen funcionamiento cerebral y aprendizaje. Hay autores que defienden que un parón de unos minutos para realizar actividad física resulta suficiente para optimizar la atención necesaria que requiere la tarea posterior y mejorar el desempeño en la misma.
  • Aprender haciendo o experimentar, por ejemplo en un reciente estudio se comprobó que el aprendizaje de magnitudes físicas, como el momento angular (los giros), se facilitaba con la activación de regiones sensoriales y motoras debido a la manipulación de ruedas de bicicletas. Sin embargo, el aprendizaje era menor cuando los estudiantes solo observaban la acción (Kontra et al., 2015).
  • El Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) y Aprendizaje-Servicio (APS), son metodologías de aprendizaje activas en las cuales se plantean retos o problemas reales y contextualizados que deben superar trabajando de manera cooperativa donde el profesor actúa como un mero orientador en el proceso de aprendizaje. Finalmente, el alumno superará las dificultades encontradas en el proceso de investigación adquiriendo las competencias clave que recoge el currículo.
  • La educación artística y la creatividad para mejorar el autocontrol de las emociones como por ejemplo, el teatro, la música y el baile. En ellas el adolescente inhibirá los impulsos, se concentrará y estará orgulloso de enseñar el resultado final a sus compañeros/as.
  • El mindfulness es una conciencia que se desarrolla prestando una atención concreta, sostenida y deliberada sin juzgar las experiencias del aquí y del ahora (Kabat-Zinn, 2013). De hecho, Holzel et al., (2011) afirman que con 8 semanas de intervención aumenta la concentración de materia gris en regiones cerebrales que intervienen en procesos relacionados con la memorización, aprendizaje, atención o incluso la regulación emocional.
  • El juego es un mecanismo natural arraigado genéticamente en el que confluyen emociones, placer y recompensa que nos permite descubrir desde el nacimiento el mundo que nos rodea. Aprendemos jugando y nos gusta porque se libera dopamina que hace que la incertidumbre asociada al juego nos motive y que exista ese feedback tan importante para el aprendizaje. Jugando se adquieren competencias imprescindibles relacionadas con el pensamiento estratégico, la concentración o la toma de decisiones.

Sin duda, la educación emocional juega un papel fundamental en el desarrollo de la persona, desde el nacimiento hasta la adolescencia, edades en las que se produce un mayor desarrollo cerebral y social. Emplear las emociones para fomentar el aprendizaje es una de las claves que se aprenderán en el Grado Superior en Educación Infantil a distancia y que le ayudarán a fomentar el desarrollo de los más pequeños para convertirlos en adultos emocionalmente sanos.

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