FP Sociocultural

La importancia del desarrollo afectivo del niño

Eva Luna García
dos niños asiáticos abrazados y riendo en una cama

Actualmente, la sociedad dicta las normas, actitudes y valores que guiarán el desarrollo afectivo del niño, así como sus pautas de aprendizaje. Por ello, el crecimiento afectivo es un proceso importante a tener en cuenta desde edades tempranas. De hecho, diversos avances científicos ponen de relevancia la inteligencia emocional, pero pocos profundizan en las capacidades afectivas de los más pequeños.

Uno de los problemas de la población es que a los adultos les cuesta manejar con exactitud sus emociones frente a determinados problemas. De este modo, hay que tener siempre presente educar a los niños en valores, así como en el desarrollo de habilidades sociales que le sirvan para promover el bienestar en su infancia y adolescencia.

De igual modo, trabajar determinados aspectos que guíen el desarrollo afectivo y social de los más pequeños, desde el punto de vista global e integral, requiere la implantación de ciertas técnicas. Uno de los especialistas encargados de ayudar en esta labor será el Técnico Superior en Educación Infantil.
 

¿Cómo afecta el desarrollo afectivo y social en los niños?

Desde pequeño todos los adultos tienen necesidades afectivas, por lo que el desarrollo afectivo y social de los niños es un elemento clave para su aprendizaje, ya que se trata del proceso mediante el cual los infantes construyen su identidad e identifican las emociones que estarán presentes a lo largo de su vida. En algunos casos, estas capacidades afectivas llegan a marcar un antes y un después en la toma de decisiones.

Un niño con un desarrollo afectivo y emocional adecuado se convertirá en una persona segura de sí misma. Además, tendrá una capacidad de autocontrol y autoestima que potenciará el resto de sus capacidades, así como avanzará en la promoción de conductas positivas.

Por otro lado, los más pequeños casi siempre necesitan de los adultos para su propia supervivencia, incluso las personas mayores también tienen que pedir ayuda a los demás en alguna ocasión. Por ello, el ser humano tiende a establecer conexiones para que las necesidades afectivas se conviertan en vínculos con los más cercanos, llegando a crear un núcleo familiar y social.

En este sentido, las escuelas deben ser conscientes de este desarrollo socioafectivo en educación infantil, tanto entre el educador y los alumnos como entre los miembros del mismo grupo de iguales. El objetivo es trabajar diferentes metodologías que favorezcan estas conexiones.

 

Pautas para potenciar el desarrollo afectivo en los niños

Para que el desarrollo afectivo alcance su plenitud en los más pequeños se debe potenciar en el alumnado capacidades tales como el autoconocimiento y la detección, así como la regulación de las propias emociones. Esta acción es fundamental para que los más pequeños se conozcan a sí mismos y vivan en armonía con la sociedad.

Igualmente, el educador infantil deberá ofrecer a sus estudiantes las herramientas necesarias para que estos lleven a cabo ese desarrollo afectivo y social. Un ejemplo sería trabajar las emociones básicas de los niños dedicando un tiempo en el día para llevar a cabo esa actividad mediante dinámicas.

La tarea del educador infantil en el desarrollo afectivo

Desde el punto de vista del ámbito académico, el educador infantil debe tener en cuenta que las emociones y sentimientos están presentes en el aula a lo largo de toda la jornada y estás influirán en la creación de identidad de los más pequeños. Por tanto, para potenciar el desarrollo afectivo los titulados en el Grado Superior Educación Infantil a distancia no solo tendrán que inventar juegos, sino aprovechar las dinámicas para potenciar todos los ámbitos del aprendizaje.

Para educar a los niños e incrementar sus capacidades afectivas se trabajará desde una metodología que permita al alumnado crecer en un entorno cordial. Además, los profesionales intentarán cuidar las relaciones sociales que se producen dentro del aula, tanto desde la perspectiva personal como social:

  1. Se utilizará las actividades diarias y las rutinas del niño, prestando atención a su proceso de crecimiento, maduración y desarrollo.
  2. Se emplearán las oportunidades que brinda la convivencia con el resto de compañeros, pues como ya se ha comentado el desarrollo afectivo y social caminan en paralelo.

 

¿Cómo se debe educar a los niños?

El educador infantil tendrá el objetivo de enseñar desde el corazón con respeto y amor, estableciendo vínculos con el alumnado para que sean capaces de fijar y alcanzar sus metas personales. Hay que tener en cuenta que la sociedad reclama personas que sean capaces de trabajar en equipo, así como que presenten habilidades de cooperación.

Por ello, el desarrollo socioafectivo en educación infantil es importante, ya que desde las escuelas se puede sembrar y crear ese tipo de ciudadano, capaces de subsistir en un mundo cada vez más globalizado. Igualmente, los educadores infantiles no deben olvidar que trabajan con personas y que no solo depende de enseñar un aprendizaje técnico, sino también global donde los sentimientos estén presentes.
 

El papel de la familia en el desarrollo afectivo

Como ya se sabe educar en valores es tarea que incluye el compromiso de toda la sociedad para que se pueda conseguir un desarrollo afectivo integral desde edades tempranas. En este sentido, hay que tener en cuenta a todos los agentes educativos, ya que se necesita crear un vínculo y una interacción con el entorno.

En el desarrollo afectivo y social de los pequeños un agente de cambio es la familia. Por ello, es un elemento clave la relación familia-escuela y, como tal, este trato se debe cuidar y potenciar. Además, los educadores infantiles tendrán que ser conscientes de dicha necesidad de trabajo en equipo con la familia para continuar con unos hábitos y valores.

Por último, no hay que olvidar que uno de los objetivos es educar a las personas para que potencien sus capacidades afectivas. De ahí que los profesionales del sector enseñen desde el corazón y la afectividad, dos características necesarias para educar de manera integral y  no crear una fijación hacia el desarrollo cognitivo e intelectual del niño.

 

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