FP Sanidad

La obesidad y infantil su relación con el uso de dispositivos tecnológicos

Ana Puertollano y José Enrique Larios
Pequeña con una manzana en una mano y una hamburguesa en la otra

A día de hoy cada vez es más frecuente encontrar casos de sobrepeso en niños debido a la proliferación del consumo de comida procesada y el sedentarismo que traen consigo las nuevas rutinas, basadas en la popularización de las nuevas tecnologías. Así, queda demostrado que la obesidad infantil y en adultos ha llegado a ser un problema mundial de carácter epidemiológico.

Rodríguez Rossi señala que estudiar los factores relacionados con el origen y el desarrollo de la obesidad deberían permitir la actuación temprana y precoz tanto a nivel individual como grupal, evitando así la expansión de esta enfermedad típica de este siglo. El autor señala como uno de los causantes de la obesidad infantil el uso de medios de comunicación electrónicos, fomentando la inactividad y el consumo desproporcionado de alimentos excesivamente calóricos. 

Frente a esto, el Técnico Superior en Dietética es una figura especialmente importante en colegios y centros educativos, siendo el encargado de ofrecer educación nutricional a niños, padres y profesores con el objetivo de hacerlos conscientes de esta situación y enseñarlos a combatir esta patología con buenos hábitos alimenticios y de actividad.

Combatir la obesidad infantil con hábitos saludables

Inculcar una alimentación saludable y la realización de ejercicio físico es un deber fundamental de los padres y profesores a la hora de combatir el sobrepeso en niños. Es más, no porque hagan mucho deporte tienen que ser niños sanos, ya que la salud comienza por el interior, y el alimento es la base: nuestra gasolina, nuestros ladrillos. Si tenemos que escoger entre “alimentación sana” o “multitud de actividades deportivas extraescolares”, ganan por goleada los buenos hábitos alimenticios.

Es cierto que el estilo de vida ha cambiado radicalmente en muy poco tiempo: padres y madres trabajadores, horarios incompatibles, falta de tiempo y acelerados ritmos de trabajo hacen que los progenitores no dediquen el tiempo que les gustaría a sus pequeños, manteniéndolos entretenidos con vídeos interactivos y golosinas

Se ha comprobado a su vez que los factores que intervienen en dicho problema se deben tanto a una disminución de la actividad física, que es acrecentada por tener que permanecer sentados para utilizar dichas tecnologías, así como la promoción que hacen determinados anuncios televisivos sobre el consumo de alimentos hipercalóricos. 

Generar hábitos de alimentación adecuados en la familia promoverá conductas saludables en los más pequeños y así evitará la aparición de obesidad infantil. Los adultos son el ejemplo a seguir por los niños, por lo cual adoptarán rutinas similares a los adultos en las que se desarrolle un estilo de vida saludable con una alimentación equilibrada y actividad física.

Los preparados comestibles y el sobrepeso en niños

Hoy en día para comprender el concepto de nutrición adecuada nos vemos obligados a ser críticos con qué comemos. El mercado se ha visto invadido de preparados comestibles (platos precocinados, deshidratados, salsas, golosinas, embutidos, panes de molde, zumos, refrescos, edulcorantes artificiales, bebidas energéticas) y cada vez más reducimos el consumo de alimentos reales (cereales, huevos, legumbres, verduras, hortalizas, frutas, carne, pescado), fomentando así el sobrepeso en niños y adultos.

Es cierto que con los preparados comestibles se ahorra tiempo de cocinado y limpieza, ¿pero a qué precio? No se puede entender la importancia de la alimentación saludable si no se contempla que el tiempo dedicado a la cocina NO es tiempo libre, sino una necesidad diaria con importancia trascendental. ¿Merece la pena hipotecar nuestra salud con preparados comestibles? Claramente NO.

La industria alimentaria – ayudada por nuestra dejadez – ha conseguido que los más pequeños sean incapaces de diferenciar estos dos conceptos; incluso los adultos creen que preparados alimenticios como una pizza precocinada o unos cereales azucarados para el desayuno son alimentos.

De ese modo, la industria ha introducido en el mercado una ingente cantidad de preparados comestibles, que si bien ofrecen calorías suficientes para mantenernos con vida, no son calorías que permitan mantener una vida sana. Por ejemplo, un niño (y un adulto) que se come una pizza precocinada para cenar puede acostarse con el estómago lleno, pero lleno de “calorías vacías”, sin tener cubiertas sus necesidades nutricionales.

Por tanto, la alimentación no puede entenderse como un número de calorías al que hay que llegar diariamente. Los alimentos no son calorías, debemos entenderlos en su conjunto:

  • Hidratos de carbono: aportan energía, intervienen en los mecanismos de reconocimiento celular y por tanto en el sistema inmune.
  • Proteínas: permiten obtener sus aminoácidos para regenerar tejidos, permiten el intercambio celular.
  • Lípidos: también conocidos como grasas, constituyen nuestra reserva energética, forman parte de nuestras membranas celulares.
  • Minerales:  intervienen en la obtención de energía, en la formación de hueso, etc.
  • Vitaminas: permiten llevar a cabo reacciones químicas básicas en el cuerpo.

Además, los alimentos necesitan de un tiempo de tránsito por el aparato digestivo para la absorción de sus nutrientes, de ahí la importancia de la fibra presente en el alimento regulando ese tiempo de paso. Por tanto, alimentaciones desequilibradas y digestiones rápidas pueden ser el origen de carencias nutricionales, desencadenado diversos síndromes, patologías en el crecimiento, retraso cognitivo o debilidad inmunológica, todo ello debido a la falta de algunas de estas biomoléculas. 

La glucosa, principal desencadenante de la obesidad infantil

La glucosa es la principal biomolécula utilizada por el organismo para obtener energía. La cantidad diaria recomendada (CDR) de glucosa se limita a algo más de 50 gr. (10 cucharaditas de azúcar). En los alimentos, la glucosa no se encuentra en su estado básico, sino unida a biomoléculas más complejas (arroz, pasta, vegetales con fécula, fruta) y por tanto requiere de un proceso digestivo para su absorción.

En productos comestibles como un batido o un refresco la cantidad de azúcares presentes en 330 ml (una lata) es en ocasiones superior a 40 gr. y en algunas bebidas excitantes llega a ser superior a 75 gr. ¿Y dónde está la fibra? Por ello, en un simple trago se ingiere instantáneamente la práctica totalidad de las CDR de glucosa, desencadenando un estado hiperglucémico (elevado nivel de glucosa en sangre) que provoca la secreción al torrente sanguíneo de ingentes cantidades de insulina, hormona sintetizada en el páncreas que facilita la entrada de glucosa al interior de las células. De ese modo el organismo intenta restablecer los niveles de glucosa en sangre hasta un estado de normalidad.
 
Todas aquellas reservas que no gasta el cuerpo son convertidas en lípidos (grasa), su principal reserva energética. El cuerpo es inteligente: ante estados de bonanza (gran aporte de energía en forma de glucosa) se aumentan nuestras reservas energéticas previendo un futuro estado de escasez, el cual, en el caso que tratamos (sobrealimentación, productos comestibles, falta de ejercicio físico), nunca llega.
 
De ese modo, repitiendo este proceso día tras día (chuche tras chuche, refresco tras refresco, tarde de sofá y tablet tras tarde de sofá y tablet), se fomenta la aparición de obesidad infantil y adulta. Pero el problema no queda ahí. La acumulación de grasa generada por los constantes “chutes de glucosa” tiene grandes efectos en la sensibilidad de los tejidos hacia la insulina y termina afectando al control de la glucemia. De este modo, la diabetes de tipo 2, que se solía presentar en ancianos con sobrepeso, en la actualidad se ha vuelto una anomalía más frecuente en niños obesos y en adolescentes, convirtiéndose así para ellos en una patología crónica con la que convivir de por vida. 

Volvamos a los pucheros, a los potajes a fuego lento, a la tostada con un buen chorreón de aceite, al pescado azul,... pero por supuesto, debemos ser conscientes de que no vivimos en una burbuja de salud, y que dar algún capricho comestible puntual a los niños no es malo, pero sólo si se hace con cabeza, nunca sin control. Muchas veces, la solución pasa por un profesional como el Técnico Superior en Dietética a distancia que será capaz de crear menús saludables y divertidos para los más pequeños, reduciendo la incidencia de la obesidad infantil.

¿Quieres más información? ¡Pregúntanos!