FP Sanidad

La Obesidad Puede Ser Tan Perjudicial Como El Tabaco

Dr. Francisco Miralles Linares
midiéndose la cintura con un metro

Una mañana de junio del año 2013, más de 78 millones de adultos y 12 millones de niños en EEUU se levantaron enfermos. Hasta la noche anterior eran un “problema grave de salud” en la mayoría de las ocasiones fruto de su irresponsabilidad por un apetito desmedido y su falta de voluntad. Ahora la asociación americana de médicos (AMA) reconocía de forma oficial a la obesidad como una enfermedad.

Desde entonces, las personas con sobrepeso dejaron de estar en el punto de mira como irresponsables gastronómicos para entender que no solo era problema de su conducta alimenticia sino que estamos inmersos en un ambiente obesógeno que no pone fácil lo del normopeso.

obesidad

Esta clasificación obligaba a los médicos a comprometerse en su curación, a las aseguradoras a cubrir sus tratamientos y a la agencia americana del medicamento (FDA) a aprobar fármacos contra este mal, con el incentivo que ello supone para el desarrollo de más investigación.

Lógicamente tenía también su traducción económica, pasando el coste anual de la obesidad de 150.000 millones de dólares a un presupuesto de 550.000 millones en los próximos 20 años. Muchas personas “malpensadas” pueden ver en la nueva clasificación de la obesidad como enfermedad un negocio multimillonario, que también, pero efectivamente el exceso de kilos es una condición morbosa que se ha convertido en la gran epidemia del siglo XXI según la Organización Mundial de la salud (OMS).

España, tras nuestra Guerra Incivil, y el resto del mundo tras la II Guerra Mundial estaba hundida económicamente. La industria carecía de recursos para su producción, la agricultura se basaba en pequeñas tierras para el autoabastecimiento en el mejor de los casos y no había medios para alimentar a los ganados. Este panorama originó una sociedad hambrienta que luchó duramente para que sus hijos no pasaran hambre y lo consiguió. Ver a sus hijos y nietos gorditos era la recompensa por la que ellos se habían dejado la vida trabajando. Era un síntoma de prosperidad y muestra de salud. Los michelines les protegían de las enfermedades y les permitían afrontarlas con más reservas. Se imponía el estándar estético por encima de la talla 42. La sociedad no sólo no estaba preparada para percibir la obesidad como una patología sino que era una traición a nuestros mayores.

En los años sucesivos prosperamos a un ritmo vertiginoso. Comenzamos a ser más sedentarios. Todos disponemos de medio de transporte que nos evita caminatas injustificadas, la televisión se convierte en nuestra mejor aliada para no levantarnos del sillón en horas, mientras anuncian alimentos mágicos que sólo hay que calentarlos en el microondas para comerlos mientras vemos la tele por supuesto, los niños tienen que ir a kilómetros a jugar al balón porque en nuestra calle hay mucho tráfico y además para que correr detrás de una pelota si lo puede hacer Messi manejado desde el mando de mi PS4...Historia que ya conocemos.

También la evolución nos ha permitido desarrollar sistemas de información, análisis y registro por los que nos hemos enterado que la obesidad se asocia a múltiples patologías que acortan la vida como la diabetes tipo II, hipertensión arterial, cardiopatía isquémica y múltiples tipos de cáncer entre otras. Gracias a este conocimiento, a la tecnología disponible y a la sensibilización de la sociedad se está evolucionando  en la comprensión de los mecanismos patogénicos y posibles soluciones para una de las enfermedades del siglo XXI. La obesidad.

¿Es realmente grave?

La obesidad se define como un índice de masa corporal, BMI (peso entre talla al cuadrado) mayor de 30 Kg/m2. Es una patología que se asocia con otras muchas enfermedades como he reseñado previamente y que por sí misma es capaz de acortar la vida. Con un BMI entre 30-35 Kg/m2 se reduce la expectativa de vida entre 2-4 años y cuando la obesidad alcanza el grado máximo, es decir, mórbido (BMI>40 Kg/m2) el efecto deletéreo de la misma es similar al tabaco (1). En el año 2012 la obesidad fue la responsable del 4% de todos los cánceres diagnosticados en el mundo. (2)

¿De qué depende?

Supongo que por la “juventud”  del problema que abordamos en muchos ámbitos se sigue teniendo un concepto un tanto simplista de la obesidad. Se argumenta que en el fondo el paciente obeso es una persona ahorradora. Gasta menos calorías de las que consigue ingerir. Hoy sabemos, que si bien se mantiene este axioma como cierto, no son las calorías la única variable que entra en juego a la hora de convertir una persona en obesa.

La genética siempre es muy socorrida para intentar explicar el origen de muchas enfermedades. Es seguro que en un futuro sabremos mucho más sobre el verdadero papel de la herencia en el desarrollo de la obesidad. Hasta ahora se han descrito 97 puntos en el genoma humano (3) relacionados con la obesidad pero también se conoce que la obesidad surge de la interacción de una determinada predisposición genética con un ambiente obesógeno. Los hijos y hermanos de una persona obesa aumentan el riesgo de engordar, pero en esto no está claro que la genética sea más determinante que el hecho de compartir comportamientos sociales tales como comer determinados alimentos o en determinados lugares.

Además de los amigos o familiares con los que compartimos acontecimientos y celebraciones son muy importantes otros compañeros de viaje. La microbiota. Se trata de trillones de bacterias que conviven en nuestro intestino y que realizan infinidad de funciones necesarias para nuestro organismo como la síntesis de vitamina K necesaria para la coagulación de la sangre en caso de hemorragia o la defensa frente a gérmenes nocivos. Se conoce que contar en nuestra flora autóctona con determinada familia de bacterias nos ayudará a ganar o perder peso. Esto está abriendo un camino importante a la investigación en probióticos con propiedades adelgazantes y está poniendo en valor la ayuda inestimable que nos pueden brindar nuestros organismos simbióticos.

Es posible que al lector le haya sorprendido el papel que juegan las bacterias como determinantes de obesidad. Existen otras muchas condiciones que nunca habíamos tenido en cuenta y que ahora sabemos de su importancia como son las horas de sueño, el tiempo que dedicamos a ver la televisión o la ingesta de determinados tipos de fármacos. Pero si nos referimos a temas sorprendentes en la obesidad no podemos olvidar los obesógenos. Estos son sustancias químicas que actúan como disruptores metabólicos haciendo que el tejido graso aumente de tamaño o de número de células interfiriendo además en el control de la saciedad. No se trata de un tipo extraño de compuesto sino de sustancias presentes en algo tan cotidiano como los insecticidas, los plásticos o algunos cosméticos.

El ejercicio es la medicina (así es ya considerada por muchos profesionales) que probablemente ofrezca más beneficios y menos efectos secundarios no solo en cuanto a la pérdida de peso sino en ganancia de estado de salud en general. Ha demostrado disminuir la mortalidad por todas las causas, incluido el cáncer, aun cuando se toma en dosis tan pequeñas como 15 minutos al día. Cada cuarto de hora que dedicamos al ejercicio diario disminuye la mortalidad un 4%.  (4) Junto con la dieta ha de formar parte fundamental en el estilo de vida de cualquier persona, especialmente si tiene interés en perder peso.

La dieta es una de las variables más importantes cuando hablamos de obesidad. Es posible que sea por ello uno de los puntos que genera mayor confusión y engaño. De forma periódica se anulan las bondades que una determinada dieta prometía demostrando en muchas ocasiones que el beneficio que aportaba en el fondo ocultaba muchos riesgos no explicitados previamente. Reinan desde los 80 los productos light y sin embargo hay más obesos que nunca. Está en revisión la demonización a la que se ha sometido al colesterol y el papel de los hidratos de carbono en la obesidad. Si algún principio parece imperecedero, al menos por ahora, es la bondad de la dieta mediterránea enriquecida con aceite de oliva virgen extra como demuestra el estudio PREDIMED (5). Este es el mayor programa científico desarrollado sobre dieta mediterránea hasta el momento. Con más de 200 publicaciones ha demostrado no sólo la disminución de ictus, infarto y progresión a diabetes sino que con esta dieta se gana menos peso.

Muchas organizaciones están dejando de centrar el foco exclusivamente en el peso para incidir en el concepto de forma física. Un objetivo fácil es la reducción de sólo un 5% del peso corporal que sabemos disminuye de forma significativa el riesgo vascular. Debemos abordar la obesidad como una enfermedad compleja, alejarnos de todo reduccionismo e incidir en los cambios conductuales hacia la dieta y el ejercicio ya que estamos tratando un paciente con una enfermedad crónica y no un gordito feliz por su poca voluntad.

  • https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736%2809%2960318-4/abstract?code=lancet-site
  • https://www.thelancet.com/journals/landia/article/PIIS2213-8587(17)30366-2/fulltext?elsca1=tlpr
  • http://eprints.gla.ac.uk/104143/
  • https://www.thelancet.com/pdfs/journals/lancet/PIIS0140-6736(11)60749-6.pdf
  • http://www.predimed.es/
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