FP Deporte

La fidelización en el sector deportivo

Equipo descansando después de un entrenamiento

Van ya para veinte los años que llevo dedicado al sector deportivo. Mi profesión en este sector no se inició como deportista de élite, ni tampoco especializado, sino que después de haber practicado en mi niñez y adolescencia varios deportes, disfrutaba ya con 19 años de la actividad física llevada por placer y por las muchas cosas que me aportaba al margen de la competición.

Nadar, correr, acampar en la montaña, viajar con la bici con alforjas, patinar o hacer pesas en el gimnasio, eran siempre un placer para todos mis sentidos, siempre una necesidad y nunca una obligación, como suele ser para los chicos de TSEAS.

Durante mi formación universitaria en Ciencias del Deporte, mis inquietudes también me conducían a la expresión del deporte en su Base, en su iniciación. Siempre intuí que el inicio en el deporte era lo más importante en la vida de una persona y un deportista, y donde se decidían la misión, la visión futura y los valores sobre los que sustentar y guiar su desarrollo deportivo hacia un objetivo. Y lo disfruté  viviéndolo de ese modo.

Al poco empecé a trabajar en el mundo de los gimnasios dentro del sector deportivo, donde el aire que se respiraba por entonces era muy distinto al de ahora. Mi planteamiento era el mismo, seguía interesándome por los nuevos inscritos y deportistas noveles, velando porque se desenvolvieran cómodos y seguros en la sala. Les mostraba el gimnasio, los vestuarios, les enseñaba las maquinas, les escribía a mano un entrenamiento, les animaba a meterse en una clase colectiva y a que asistieran a algunas de las quedadas que se organizaban. Y todo esto, llamándole al cliente por su nombre.

El mérito de esto no era otro que el de tener un negocio pequeño, con un número de socios controlado, ya que de otra forma, hubiera sido imposible para mi solo.

Además, recordando los gimnasios de la competencia, todos ofertaban con frecuencia lo mismo, planteado de la misma forma y a un precio también parecido. Todo estaba más o menos claro, la oferta y la demanda.

Cuando en el año 2002 entró en Granada la cadena internacional FitnessFirst, de repente cambiaron las reglas del juego: muchos de los clientes de los antiguos gimnasios corrieron frenéticos a apuntarse a un centro al que tenían que ir en coche, desplazándose en vehículo lejos de su barrio, pagando mayores cantidades de dinero por las cuotas o las inscripciones y olvidándose para siempre del trato cercano de su gimnasio de barrio de siempre.

Han pasado los años y como en todos sitios, en Granada, el sector ha evolucionado en muy poco tiempo a paso de gigante. En una ciudad donde la práctica deportiva se centraba en las instalaciones del Patronato, algunos gimnasios de barrio y la estación de Esquí de Sierra Nevada, ahora vemos como se han creado multitud de centros colosales de Fitness y Wellness, con miles de socios inscritos y con unas superficies y maquinarias de primer orden, donde el lujo y la novedad brillan por si mismos. Si quieres saber más sobre la evolución del fitness y el wellness pincha aquí.

Las facilidades que dan los equipos comerciales para una inscripción anual son las mejores y se percibe al instante que se pertenece a algo grande, pero aquí hay algo que aún falla. La fidelización.

Las muchas pantallas de televisión en las paredes y en las cintas, la música o el completo programa de mil actividades colectivas no logran por sí mismos fidelizar al cliente tanto como sólo es capaz el componente humano del sector deportivo. Son estos profesionales como el personal de sala, el entrenador, el monitor de piscina o el personal de recepción los que deben luchar porque los clientes sean fieles. Fieles a un concepto, a una idea, a una inspiración y a un modo de entender la vida y la salud. Y ellos no deberán venderte la mejor cinta, ni el mejor spa, sino que primero, deberán venderte a un mejor tú, una versión mejorada de ti mismo y su compromiso de ayudarte en esa tarea.

 

 ¿Qué debe hacer un/a buen entrenador/a?

Y para eso, al profesional no le bastará con ser el mejor teórico y hacer los mejores entrenamientos, que ya , por cierto, los puede hacer otra máquina, sino que se hará preciso mirar a los ojos,  ser honesto, comprometido, entender al cliente, empatizar con él y poner todas las herramientas que tiene a su alcance para mejorar la situación, paso a paso. De la mano del cliente.

Es por eso que, al igual que cuando enseñas a leer a un niño, debes guiarle y estar a su lado cuando se equivoca para corregirle y evitar que se frustre, cuando una persona se inicia en un centro y a un nuevo hábito de vida más saludable, hay que acompañarle hasta que pueda volar solo. Hacerle autónomo, también deberá ser un compromiso y un objetivo, para que no dependa del monitor y este pueda también aprender y ser autosuficiente. Si, aprender: porque también tendrá que enseñarle a utilizar su cuerpo, a percibir esas nuevas sensaciones de esfuerzo y, porqué no, a desenvolverse en la instalación y entre todos los servicios que le rodean. Todo esto conseguirá que ese cliente que se estrena con su nueva ropa deportiva en nuestro flamante centro fitness, no se desespere para siempre, no se aburra, no se avergüence y no desaparezca.

Por eso, atisbo un futuro prometedor para nuestro joven sector deportivo, donde los Técnicos en Enseñanza y Animación Sociodeportiva a distancia sean la parte más importante de la instalación. Sean su cara, sus manos y sus oídos. Son ellos  los que resolverán los problemas de  cada cliente, llamándole a este por su nombre, los que sabrán su dolor de espalda, su poca motivación para correr sobre la cinta o su gusto para hacer el ejercicio con música. Su cualificación técnica no cabe duda que será aún más compleja y su enfoque más holístico, con perfiles altamente experimentados en el deporte y la actividad física, con multitud de herramientas, conocimientos y recursos técnicos para convertir una amena  sesión de deporte en un entrenamiento eficaz dirigido al objetivo y siempre sobre una base científica.

Un mundo de posibilidades a su alcance, no cabe duda. Porque será la persona la que marcará la diferencia en la experiencia del cliente, el trato y la comunicación, sin ninguna duda. Será ese, el amigo, consejero, entrenador, el coach o el compañero. O como quieras llamarle. Y, si quieres también, será ese: su mejor espejo.

FIDELIZACIÓN EN EL SECTOR DEPORTIVO

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